No quiero citar
En las primeras dos semanas del nuevo ciclo de mi maestría he estado reflexionando sobre la razón de ser de un profesional y, específicamente, un docente. Tengo la suerte de estudiar con un grupo de expertos muy calificados, cada quien con un expertise muy particular y he notado en todos ellos un rasgo muy peculiar, casi perdido en el tiempo, en estos tiempos, el don de la humildad. Ese don que los hace estudiantes casi perfectos, pues tienen la mente totalmente abierta, se abren a ser tallados, algunos en mayor medida que otros, aún cuando el maestro de turno no sea de su agrado. Hace poco conversaba con la arquitecta y me decía que luego de posar sus ojos por varias horas sobre la aburrida lectura, entendió finalmente --se hizo la luz-- el porqué de tan somnífero encargo. Metacognición, le llaman. En un diálogo con la ingeniera comprendí lo mucho que le sirve a ella conocer sobre las herramientas tecnológicas, no importa si son de hace diez años. Por cierto, hace poco yo m...