Soy maestranda... ¿y ahora qué?
Y, al principio, todo fue curiosidad. Asimov (1986 p.4)
Cuando pienso en los sucesos que han marcado mi existencia, siempre retrocedo a 2005, año en el que viví por una corta temporada en Londres. Exploraba la ciudad trepada en el Tube, siempre en Circle Line, para no perderme. Conocí Camden Town y me arrepiento mucho de no haberme animado a hacerme otro tatuaje allí.

Sin duda he tenido otros momentos muy importantes, claro que sí, todos demasiado radicales: ingresé en primer lugar a la universidad, me gradué en dos carreras, empecé a trabajar, me casé, tuve un hijo, mis abuelitas se fueron al Cielo, dejé mi estable empleo... pero todos resultan periquetes comparados con el tatuaje en el espíritu que me dejó la ciudad inglesa.
Y elaboro esta corta introducción, solo para mencionar que en 2017 vivo de nuevo una experiencia casi "londoner". Estudio una maestría en la URP. Es este año en el que estoy tomando consciencia del significado de la metacognición (capacidad para autoregular el aprendizaje).
Me he pasado muchos años de mi vida "educándome" y "aprendiendo" y recién ahora empiezo a sentirme medianamente capaz de reflexionar sobre la esencia de mi educación.
Mi profesor de Filosofía, el doctor Eulogio Zamalloa, me llama maestranda (en realidad se refiere a toda la clase, pero a mí me gusta pensar que se dirige solo a mí)... soy maestranda... ¿entonces, ahora qué me toca hacer?
Este filósofo peruano me recomienda, en primer lugar, exudar un lenguaje más académico. Y en mi mente oigo la vocesita: "Deja ser informal, tu tendencia punk no calza aquí".
El segundo quehacer es interiorizar la metacognición. Zamalloa está esculpiendo mucho en ese sentido.
Tal vez ajeno a la influencia profunda que está dejando, este hombre toma por asalto el aula cada viernes por la noche con un andar presuroso, se detiene en seco, vuelve a caminar, agita sus brazos y asume la postura de El pensador de Rodín. Ante un ejemplo que le propuse para comentar la tesis de Peters sobre el concepto de educación él me responde: "La educación que reciben ustedes no es valiosa porque elaborarán una tesis y obtendrán el título de maestros, nooooo, la educación es valiosa por sí misma, por los conocimientos que están adquiriendo en cada una de las asignaturas y porque tienen conciencia de ello". Peters dice que la educación produce el cambio mental deseable. Y esto me hace acordar a Asimov (1955), quien en El fin de la eternidad relata cómo el ejecutor Andrew Harlan intervenía en la realidad para lograr el Resultado Máximo Deseable.
Y con esa premisa, mi aún incipiente trabajo de tesis irá avanzando por los siguientes 20 meses.
Mi primer título, digo primero porque no puedo garantizar que no vaya a cambiarlo, es:
Uso de las TIC como apoyo pedagógico en la enseñanza aprendizaje de los estudiantes de la asignatura de Comunicación en una entidad educativa privada en 2018.Referencia:
Asimov. I. (1955). El fin de la eternidad. México: Editorial Orbis.

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