Un proyecto en tres intentos


La meta es obtener el grado de maestro. Así reza el primer mensaje del curso de Metodología de la Investigación 2017-1. Al principio, todo tenía mucha anestesia.
En la primera clase, la profesora de la asignatura, Mirtha Ramos, -que dicho sea de paso nos acompañará en los siguientes 20 meses- preguntaba de manera casual, como quien no quiere la cosa: ¿Cuál sería el tema de tu tesis? Mis 23 compañeros de carpeta contestaban alegres y entusiastas, y revelaban con mirada brillante y vivaz su más anhelado proyecto de investigación. Todos salimos del aula con el pecho hinchado, orgullosos de nuestras incipientes creaciones.

La segunda clase la magia se acabó. La doctora nos pedía ahora nuestras variables. Y trataba de explicarnos cómo usar la variable para hacer la monografía. No todos entendíamos. Yo no. Nos dimos de bruces contra el cemento, se nos cerró la puerta en la cara, nos caímos de poto... hubo desmayados, caídos, heridos y hasta fallecidos.

Fue necesaria una clase más -las sesiones duran tres horas- para que la profesora lograra que todos tengamos clara la variable para la monografía. Pero como su misión no era hacernos felices, también teníamos que elaborar de manera paralela lo más temido, espantoso, tremebundo, apocalíptico, dantesco, pavoroso... empezar el proyecto de tesis. 

Por cierto, hasta antes de empezar esta maestría no tenía idea que pudiera haber una sección en Google de memes dedicada a la penuria de ser tesista. Existe y es demasiado divertida.


Intento 1.
Mi primer borrador de proyecto de tesis fue un desastre, un infortunio, un accidente de la naturaleza... se veía y se escucha tan mal mientras se proyectaba cada letra en el ecran delante de toda la clase. No entiendo por qué, si cuando lo escribía, solo unas cuatro horas antes de la presentación, lucía tan brillante.

Intento 2.
Luego vino la revancha. Tomé el toro por las astas. Decidida pedí cita con mi profesora y llegué rauda a su espaciosa oficina. Leyó las escasas cinco páginas... dijo muchas veces nooo, nooo, mientras las ojeaba. Escribía con letra que solo ella entendía y yo tomaba apuntes en mi libreta. Recordé que lo me dijo hace poco Nicolás cuando leía uno de mis exámenes ya revisados: Mamá, ¿también estás tomando clases para descifrar jeroglíficos? (Sí, dijo jeroglíficos, no sé dónde aprendió la palabra).
Mi profesora exclamó un: ¡Ajá! cuando en respuesta a su pregunta llegué a concretar el título de la tesis. Fue un éxtasis emocional. El triunfo, las palmas, la corona.. al fin. 

Intento 3.
La presentación final del borrador por fin llegó hace una semana. Obtuve un 16, dos puntos por debajo del promedio de mis otros tres cursos. Aún no leo las correcciones, así que preveo incluir una actualización el próximo fin de semana cuando tenga en mis manos el fólder bendito.

En tanto... adjunto el PDF con mi proyectodetesis2... un pequeño patito negro que esperará convertirse en hermoso cisne dentro de unos 600 días.

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