Hablemos de matrices
Para la segunda parte del segundo ciclo de mi maestría hemos sido condicionados a un: o terminas el proyecto en diciembre (2017) o ... terminas el proyecto en diciembre (2017). No hay opción.
Cada uno de los 20 "metacognitivos" hemos ido puliendo, madurando, perfilando, mejorando, acicalando, apuntalando, abrillatando... (puedo seguir hasta el infinito...) nuestro proyecto de tesis. Hemos desarrollado capacidad de análisis y las intervenciones tienen cada vez más fundamentos científicos... ahora decimos "Profesora, según Hernández... según Pimienta, ... según Russell, ... según la última edición del Manual de APA...". Claro, aún tenemos a quien se resiste a citar y a lo mucho se apoya en antiquísimos documentos de alguna entidad transoceánica.
Todos coinciden en que lo más complicado ahora es elaborar la matriz de operacionalización de las variables. Peculiar nombrecito para una tabla en la que se presenta un mapeo de cada aspecto clave de la investigación que tenemos en marcha. Seguramente no me tomará más de tres carillas de extensión, pero el contenido tiene un valor aurífero.
Hace unas semanas, la profesora preguntó a la clase... ¿podrán terminar el proyecto en diciembre y presentarlo a la Escuela de Posgrado en el verano próximo? Todos nos quedamos en una pieza, congelados, petrificados, estupefactos y meditabundos. Solo para romper el hielo, y ante el requerimiento específico hacia mi persona, respondí con desparpajo y despreocupación: "Claro que sí". Más de uno tenía la cara de: "Vestaaaa". Ja ja ja.
Claro que sí lo terminaré. Costará, pero lo lograré.
Mi método de trabajo en mi investigación ha cambiado un poco. El ciclo anterior, no me era posible avanzar el proyecto en partes. Estoy acostumbrada a escribir de un solo tirón todo lo que haya que escribir. No me era posible hacer pausas. Ello me costó un tecleo incesante durante 12 horas, al menos.
Ahora, en las últimas semanas, he podido hallar esa fórmula de reconexión al momento de redactar.
Cada uno de los 20 "metacognitivos" hemos ido puliendo, madurando, perfilando, mejorando, acicalando, apuntalando, abrillatando... (puedo seguir hasta el infinito...) nuestro proyecto de tesis. Hemos desarrollado capacidad de análisis y las intervenciones tienen cada vez más fundamentos científicos... ahora decimos "Profesora, según Hernández... según Pimienta, ... según Russell, ... según la última edición del Manual de APA...". Claro, aún tenemos a quien se resiste a citar y a lo mucho se apoya en antiquísimos documentos de alguna entidad transoceánica.
Todos coinciden en que lo más complicado ahora es elaborar la matriz de operacionalización de las variables. Peculiar nombrecito para una tabla en la que se presenta un mapeo de cada aspecto clave de la investigación que tenemos en marcha. Seguramente no me tomará más de tres carillas de extensión, pero el contenido tiene un valor aurífero.
Hace unas semanas, la profesora preguntó a la clase... ¿podrán terminar el proyecto en diciembre y presentarlo a la Escuela de Posgrado en el verano próximo? Todos nos quedamos en una pieza, congelados, petrificados, estupefactos y meditabundos. Solo para romper el hielo, y ante el requerimiento específico hacia mi persona, respondí con desparpajo y despreocupación: "Claro que sí". Más de uno tenía la cara de: "Vestaaaa". Ja ja ja.
Claro que sí lo terminaré. Costará, pero lo lograré.
Mi método de trabajo en mi investigación ha cambiado un poco. El ciclo anterior, no me era posible avanzar el proyecto en partes. Estoy acostumbrada a escribir de un solo tirón todo lo que haya que escribir. No me era posible hacer pausas. Ello me costó un tecleo incesante durante 12 horas, al menos.
Ahora, en las últimas semanas, he podido hallar esa fórmula de reconexión al momento de redactar.
Comentarios
Publicar un comentario